Se entiende por una relación de producción, la interacción entre diferentes sectores de una sociedad para conseguir un producto final, que tenga algún valor de comercialización; el caso más común, es la relación de las partes interactuantes en la industria de productos manufacturados.

En cualquier país del mundo, en las relaciones entre el capital, representado por los empresarios o por el Estado, y los trabajadores o clase obrera, existe un entendimiento para establecer un proceso dinámico que acarrea como resultado la producción individual o en masas de diferentes productos de mercado.

En el siglo XlX, un germano de origen judío, aportó a la sociología económica el estudio más completo que se conoce sobre las relaciones sociales de producción; ese señor respondía al nombre de Carlos Marx y el aporte a que nos referimos es “El Capital” su obra más señera.

Cuando Carlos Marx analizaba el sistema capitalista, bajo la influencia de la fuerza envolvente de la revolución industrial desencadenada en Gran Bretaña a partir del descubrimiento de la máquina de vapor, no existían los países socialistas; y él no incluyó en sus estudios, ninguna tesis de cómo serían las relaciones de producción en una sociedad como esa.

A la luz de las vivencias que nos enseña la historia, vemos que en los sistemas socialistas conocidos luego, el Estado pasó a ocupar el lugar del capital, o sea del empresariado; luego, sin lugar a dudas y dentro del real trabajo, las relaciones de producción siguieron siendo las mismas que dentro del sistema capitalista.

Capital, representado por el Estado o por cooperativas estatales, más mano de obra, o sea trabajadores u obreros. De aquí, notamos sin ser científicos que para producir, siempre se necesitaran dos partes; una que aporte el capital y otra que posea la capacidad y la habilidad de la fuerza de trabajo.

En esta simple realidad, el empresario tiene que respaldar su dinero o capital, garantizando condiciones seguras de producción o trabajo dentro de las instalaciones de sus empresas; y el sector trabajador, que dentro de la modernidad de la relación debería estar representado por un sindicato, debe también cooperar con una máxima seguridad en sus puestos de trabajo.

La seguridad industrial es responsabilidad de ambos; por un lado, el empresario nunca quiere perder lo que invirtió; y por el otro, el obrero necesita su puesto de trabajo para producir el salario que le permite vivir y mantener a su familia; de aquí, que en la empresa, los dos tienen responsabilidad.

En países como el nuestro, el Estado es solo un facilitador para unas buenas relaciones de producción, que al final de cuenta, mantienen el dinamismo económico que demanda la sociedad para viabilizar la vida de todos los sectores; las leyes y las disposiciones están escritas y ampliamente discutidas por los actores envueltos; los gobiernos deben velar por la aplicación de estas normas.

Los medios de comunicación muestran un silencio perturbador de parte de los representantes de los trabajadores; años atrás los sindicatos y las federaciones obreras, hacían titulares a diario en nuestro país; hoy existe una ausencia de denuncias y de discusiones sobre los asuntos laborales en los medios de prensa; eso es muy preocupante.

Los trabajadores a través de sus representantes deben exigir condiciones seguras de trabajo; y los patronos cumplir la ley, porque cumpliendo ésta, garantizan la seguridad laboral y al mismo tiempo de sus capitales.